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Paranoias de una friky

Interactuando

Ayer nos fuimos a cenar a casa de unos conocidos. No teníamos nada interesante que hacer, y una cena con otra pareja no nos pareció mal plan.

Llegamos a su casa, y nos pasan al salón, donde había otras dos parejas desconocidas, de cuya presencia no nos habían dicho nada. Empezamos bien. Anda que no le he dicho veces que no me siento a gusto con desconocidos. Anda que no había dicho que me apetecía verla para que me contara cómo le iba la vida; se sobreentendía que éramos los cuatro solos. Las otras dos mujeres estaban hablando de lo hortera que les resulta la manicura francesa, de que les parecía propia de putas y stripers. En ese momento, me quité los guantes, les enseñé mis uñas recién arregladas así, y les dije:

-Bueno, pues yo venía por lo del striptease, cuando queráis empiezo.

No sé porqué les dije eso, me pareció una buena forma de romper el hielo. Sus maridos se empezaron a descojonar, y ellas me miraron con un expresión difícil de describir, que desde luego no tenía nada que ver con la risa ni con la simpatía. Tengo que dejar de usar el mecanismo de defensa de decir gilipolleces cuando no sé que decir.

El caso es que nos comimos la cena hecha al microondas con la tele con "callejeros" de fondo. Las tres tías se pasaron la noche cuchicheando, con risitas y tal, sin preocuparse lo más mínimo de mí y sin hacerme el menor caso, a pesar de algún fútil intento por mi parte de confraternizar. Que sí, que lo intenté, en serio. Que incluso hablé de cosas normales y neutras como lo son el trabajo, los estudios, el carnet de conducir. Su consejo para conmigo es, a pesar de estar en el paro, que me case ya y que me compre un coche... para ellas tener algunos millones en el banco quiere decir ser millonaria y tener que gastarlos sin cabeza.  Los hombres compitiendo entre sí por ver quién dominaba mejor a su mujer... 

Cuando acabamos de cenar, Fer cogió sus platos, yo los míos y nos los llevamos a la cocina. Ellos se empezaron a reir de él por haber recogido lo suyo. Siendo todavía menos social que yo, ver su incomodidad ante la situación me hizo hervir de rabia contra ellos. Después de llevarme mi plato, nos sentamos en el sofá, mientras las otras mujeres recogían, limpiaban la mesa y barrían el suelo, mirándome mal por no hacerlo, y por ponerme a fumar con sus agradables maridos. Ni que se los fuera a robar. Si voy a una casa de invitada me limito a recoger mi plato, como espero que haga la gente cuando yo la invite a mi hogar. No me voy a poner a fregar en una casa ajena mientras los tíos se rascan las pelotas, no.

Al menos sacaron marihuana casera, hicieron unos porrillos y me fumé tres caladas, que me han hecho dormir como una bendita esta noche.

Mi error a la hora de sociabilizar no es ver a todo el mundo como enemigos y ponerme una máscara, como creía. Me he dado cuenta de que mi error es considerar a todo el mundo que conozco como una posible amistad, y presuponerles buena voluntad. Siempre espero que me respondan de forma positiva, y de ahí mi frustración cuando no recibo lo que siembro. Debo seguir sembrando, no cerrarme a la gente... pero no confiar tanto en ellos, ni abrirles las puertas de par en par para que entren en mi vida.

Al menos profundicé en mis estudios sociológicos para darme cuenta, una vez más, de que la mayoría de la gente que nos rodea no merece la pena. Cuando nos fuimos, aún bajos los efectos del porro, Fer y yo nos estuvimos descojonando media hora de la situación. Prr. Ni follamos ni ná, que triste es tener la regla en viernes.

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